En términos generales, ésta es una enfermedad incurable. La erradicación del VIH en los pacientes infectados no parece posible con los tratamientos actuales. Una vez que la persona se ha infectado de VIH, no hay quien se lo quite. Lo cierto es que, afortunadamente, sobre todo en los países desarrollados, se dispone de medicamentos que frenan la reproducción del VIH, logrando con ello que en muchas personas no sobrevenga el SIDA. En esas personas, la infección por VIH se convierte en una enfermedad crónica. Si una persona infectada no recibe ningún tipo de tratamiento, lo normal es que en 6 ó 10 años se le desarrolle el SIDA y fallezca. Si recibe tratamiento, no está exenta de la posibilidad de efectos secundarios negativos.
El desarrollo de la enfermedad se produce de forma distinta en los países ricos que en los pobres; en los primeros, los enfermos pueden acceder desde 1996 al tratamiento antirretroviral, permitiéndole alargar considerablemente la supervivencia de los sujetos seropositivos, mientras que los segundos no pueden costearse los fármacos. Es por ello por lo que se demanda un esfuerzo de solidaridad por parte de compañías y gobiernos, hacia los países pobres, para que puedan disponer de fármacos a precios asequibles.
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